A FUERZA DE TANTO PINTAR MI ALMA SE HA CONVERTIDO EN COLOR
Preparando un lienzo, cuando estoy imbuido en la técnica de cómo preparar y los materiales voy a usar, me siento frente a la tela, papel o placa que pueden ser muy grandes o muy pequeñas. No se si pasa el tiempo, lo que si se es que las agujas del reloj dan muchas vueltas o la luna sale y el sol se mete no sé cuantas veces, yo sigo sentado frente al lienzo, en cualquier momento alzo un bote de pintura y lo dejo, sigo mirando, sigo sentado observando en esos momentos estoy ausente, no tolero ni la música ni las sombras, es algo igual a la meditación o una conversación con los dioses, la verdad es que no pienso en nada o en muchas cosas, vuelvo a tomar el bote de pintura y remojo un pincel, sigo pensando, me siento y me paro, el sol se mete, observo en lo que una gota de pintura cae descuidadamente al piso y de ahí sale una especie de humo que invade la habitación que mancha hasta la luna y sin darme cuenta ya estoy pintando una mancha, que si bien no tiene importancia en el resultado de la obra, es el cuadro en si, es la creación o el espíritu de mi obra, es necesario que haya un palimpsesto para que se forme la idea definitiva, eso no importa, ahora “da lo mismo que exista o que no exista”, ya se creó el todo, ya se pintó para esa historia que no se documenta, esa historia que es válida que perdurará y será pilar fundamental del pensamiento, de la vida, es historia que no se estudia pero sirve para que la humanidad sobreviva, opuesta a esa historia que la escriben los vencedores y los poderosos.
Busco en la pintura sin duda, el lograr que el espectador se deje abrazar por el cuadro, que pueda ingresar a la obra y crear su propio destino a través de un contacto, el umbral del sentimiento tratando que cada uno forme su propio viaje.
“El cuadro existe más adentro que en aspecto”, una cita que escribí en uno de mis textos, pretendo esto con mis imágenes, con mi obra, es lo que se tiene enfrente, que se vea con los sentimientos, con las vísceras y se deje de ver con los ojos o con prejuicios. La idea ya está plasmada, creo que el cuadro está terminado “La consumación que le hace falta a la eternidad”. El color es en mí o en mi obra, un conducto a la inteligencia, al saber, el conocimiento, el abismo, la libertad. El color en mi obra es muy importante, es como unas teclas de un instrumento que cuando decides que están bien templadas las conviertes en armonía, “siempre es presente hasta la eternidad es presente”.
Esta es mi manera de plantear una obra, estoy seguro que mañana será otra.
Raúl Soruco
Pintor – Grabador
Oaxaca, 2011
