La última cena

Los encaustos que Raúl Soruco expone en esta ocasión cuentan con una elevada expresividad, misma que descansa, básicamente, en la potencialidad con que cuentan estas pinturas suyas para intrigar. Esto es, para despertar reacciones de una gran curiosidad entre quienes entran en contacto con ellas. Se trata de un conjunto que rebosa misterio. Pero se trata de un misterio que, lejos de rechazar las miradas, invita a adentrarse en el universo de este pintor. Una vez que los destinatarios de sus obras las observan con atención, experimentan reacciones de asombro y sorpresa.

Es posible afirmar, por ende, que para esta serie pictórica, Soruco recurre a la seducción. A una pausada seducción que basa en recursos expresivos varios, entre los cuales descuellan los de lo trascendente (que refuerza con el título de su serie), lo sublime (que está relacionado con la perfección misma de los acabados de sus cuadros), lo grandioso que se halla tanto en sus pinturas de gran formato como en las más pequeñas.

La curiosidad que suscitan los encaustos de este autor corresponde al rubro de lo sensible, sí, pero no escapa a la esfera de 10 racional, pues él orilla a los espectadores a resolver la interrogante de la relación que existe entre sus propuestas formales (que se ubican en el ámbito de la no- representación. Soruco auxilia a los destinatarios de sus pinturas a resolver tal incógnita mediante tratamientos con los que, lejos de manipular sus respuestas, refuerza la condición enigmática que tiene su serie. Dichos enfoques lindan entre lo preciso y lo confuso. Y son, además, generosamente persuasivos.

Como resultado de los mencionados tratamientos de sus motivos y asuntos, este artista consigue generar, entre los públicos, evocaciones, sensaciones y procesos de asociación que enriquecen sus respectivas lecturas. De esta manera consigue mantener su producción en el terreno de lo enigmático.

Asiduo practicante de un post-in formalismo que cobra vigencia en el contexto de la lucha entre las artes de los centros hegemónicos y las que se realizan en los medios culturales que son periféricos en relación a los dominantes, Raúl Soruco ha dotado a su lenguaje individual de sustentos preponderantemente cromáticos, estructurales y, en el caso de la presente serie, también técnicos. En sus pinturas existen contrastes entre equilibrios y tensiones tanto de color como compositivos, mismos que a la postre devienen armónicos.

Maneja, con esa soltura que sólo puede dar la seguridad, un amplio abanico de recursos eminentemente pictóricos: en sus encaustos se descubren una extensa gama de trazos, áreas, superficies, calidades, manchas, ritmos, efectos, texturas, transparencias, direcciones, luminosidades y opacidades que denotan delicadeza a la vez que vigor y osadía en la factura. Los encaustos de este artista rezuman destreza y audacia. La calidad de factura de sus pinturas es impecable y en ella destacan la pulcritud, así como la relación entre el todo y los esmerados detalles.

- Carlos Blas Galindo

© Derechos reservados 2011 por Raúl Soruco
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