Poesía

I
La oscuridad, el corazón secreto,
los caminos del tiempo que no veo,
los túneles del sueño, lo que leo,
La soledad, la noche, este soneto.
Estos dibujos increíblemente
Nos remiten a la historia azorada
De un solitario sol que en el poniente
Se nos dispersa en oro, en sombra, en nada.
Soy el que sabe que no sabe. Es cierto
Que la verdad tiene espacios cerrados
Como ciertas nostalgias y grabados.
Soy el que envidia a los que ya se han muerto.
Más raro es el artista que entrelaza
Colores en el cuarto de una casa,

II
Ni tiniebla ni caos. La tiniebla
Requieren ojos que ven, como el sonido
Y el silencio requieren el oído,
Y el espejo la forma que lo puebla.
Ni el espacio ni el tiempo. Ni siquiera
Una divinidad que premedita
El silencio anterior a la primera
Noche del tiempo, que será infinita.
El gran rió del espíritu, claroscuro,
su irrevocable curso no ha emprendido,
que el pasado confluye en el futuro,
Que el olvido se pierde en el olvido
De algo que ya padece, algo que implora
Atravesar estos nocturnos, Ahora.

III

Hay quienes pintan para hallar razones
Que puedan sostener sin esperanza
La realidad, mientras la tarde avanza
Y el corazón combate sus pasiones.
Gastada por los años la memoria
deja caer en el vano repetida
palabra, y es así como la vida
teje y desteje su cansada historia.

- Jorge Mancilla

© Derechos reservados 2011 por Raúl Soruco
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